17 de junio de 2011

*// Los color caca

Marita lava ropa todos los días. Tiene las manos cuajadas, agrietadas de tanto refregar trastos. No se hace problemas ya está acostumbrada. El empeño que le pone es tasado en doce soles. Siempre recibe la plata y se persigna con ella. Se gana muy bien ese dinero y con todo derecho llega su casa cansadísima a dormir. Cuando ella llega su hija es quien la recibe con un abrazo. Es su adoración. Marita también adora a sus otros dos hijos que aún llegan más tarde del trabajo. Uno labura en limpieza pública, el otro es un temerario cobrador de combi.


Sebastián posee y se enorgullece de unas zapatillas blancas, ama verlas, las guarda en su caja, las lava con suma delicadeza, y al llegar a su casa muy cansado de haber laburado abre la caja y las contempla. Admira la marca de sus zapatillas, “Tigre”. Adora mirarlas y sacarle algún rastro de pelusa o limpiarle cualquier mancha de suciedad o simplemente las limpia porque son su tesoro. Con ellas juega pelota los sábados o sale a alguna reunión con su familia o amigos. Una reunión se entiende salir a la bodega por las noches a comprar una gaseosa y un par de galletas, es un lujo del que no se priva. Posee también dos polos totalmente nuevos que su madre le trajo un día de sorpresa, aún en bolsa y con ese olor tan rico. Tienen el logo “Castrol” y los usará al comenzar las clases el lunes. No puede esperar un día más para estrenarlas, muere de ganas de sentir esa frescura que solo te da una prenda nueva. Es paciente y no las abre.

Lucho es un tipo muy sucio, le encanta dormir como llega, no se lava con el agua que está en la tina que su madre junta con tanto ahínco, desprecia el agua, no por malo ni para ahorrar ese preciado recurso sino por cochino y haragán, pero como cualquier hombre a la hora de ver a la chica de sus sueños, a la razón de su sonrisas cuando está distraído en el trabajo, barriendo por los meaderos. Se toma la delicadeza de bañarse y exprimir el limón en sus axilas para evitar cualquier mal rato con su olor.

Micaela duerme con Sebastián en la misma cama desde hace un año. Antes dormía con Lucho pero su olor era insoportable. Le pide a diosito que su Papá regrese, porque lo extraña, le han dicho que diosito siempre escucha, no quiere la muñeca linda que vio en la tienda de Doña Ceci, ha cambiado ese deseo por el que su padre regrese.


Papá anda perdido. No puede volver a casa. Extraña un montón a sus tres hijos. Llora por las noches. Quiere suicidarse. Sería algo breve, un dolor profundo pero único, unas lágrimas caprichosas correrían por su ojos pero es cobarde o a veces se aferra a la ligera y fugaz esperanza de salir algún día y poder abrazar a la hijita de sus amores, jugarse un partido con sus hijos y besar a su esposa. Se aferra a ello. Guarda el abrazo, las piernas y el beso. Los guarda para cuando salga. De repente en doce años. Quién sabe. La cárcel es dura. Los años no pasan tan rápido y él está enfermo.

12 de junio de 2011

*// Adios Cusco, Te odio 2


…//

- Ah! Tú eres… ¿Contigo baile ayer no? ¿qué tal?– Leo intentó ocultar la alegría que le embargo por unos segundos. Quería mostrarse serio.

- Claro!, y bueno te debo una disculpa, tuve que irme con mi novio y unos amigos, cuando quise invitarte a sentarte con nosotros ya no estabas. ¿Adónde te fuiste flaco?

- No, no te preocupes. Está todo bien así. Ya me tenía que ir, así que todo bien.

- Ta bueno, mira. Estoy sentada ahí con toda mi delegación loco. Vení con nosotros - señaló una mesa detrás de los cristales, algo más discreta detrás de una mampara, y que él no había vislumbrado al llegar, en la mesa habían varias personas concentradas en algo en particular- Vení a sentarte con nosotros flaco, estamos jugando un juego rebarbaro, el de una torre que se tiene que desarmar sin que se venga abajo. Y yo que soy más nerviosa a la quinta se me cae.

- Ja, no quiero incomodar, estoy bien Pame. – dijo secamente evitando mostrar aún su fastidio.

- Andá! No te hagás de rogar - Y lo abrazó suavemente, por detrás de la silla, palmoteo tiernamente su pecho. Leo sintió su respiración y el hipnotizante perfume que emanaba Pamela - Ven con nosotros flaco bello – le dijo antes de soltarlo.

La televisión se encontraba de mero adorno porque nadie le prestaba atención, el mesero aún no volvía con el pedido, el cuadro frente a él perdía de repente todo rasgo interesante. Y Leo quería más a esa argentina de la narizita roja con aire tan despreocupado. Pero aún andaba fastidiado de que tuviera enamorado y no se lo hubiera dicho antes. El odiaba eso. Hacía de cuenta que siempre querían joderlo, molestarlo.

Entumeció el rostro y sin ningún ápice de alegría le dijo.

- No quiero ir contigo, respeta a tu enamorado, anda con él. Y deja de abrazarme que recién te conozco– dirigió su mirada al cuadro nuevamente, esperando que se alejara de él.

- Sos todo un puritano loco. Sé que a vos te gusta que te abrase. Te voy a estar esperando.

Lo abrazó nuevamente, esta vez con más fuerza y lo besó en la mejilla.- Vienes – dijo y se alejó tan fresca, con ese aire de despreocupación.

El mesero llegó con el pedido. La taza de café y el mixto caliente. La espera y la inesperada llegada de Pamela le habían hecho olvidar por completo el hambre atroz con el que llego.

“Pamela !Regresa y abrázame, invítame a comer a tu mesa para rechazarte con más indiferencia!”. Comenzó a comer el mixto, el café estaba muy caliente, que irritante tener siempre que esperar que el café se enfríe. Hacía un esfuerzo inútil al soplarlo porque no se enfriaría un carajo.
Lo peor de estar ahí sentado cenando era que de seguro ella lo estaría mirando desde su mesa presenciando lo patético que se veía ahí soplando el café y comiendo ese miserable mixto. La tenía en la cabeza. Alguna vez escucho decir a alguien que con un simple abrazo, un beso o una sonrisa una mujer podría desarmar a un hombre por más frío que este sea. Así se encontraba en ese mismo instante, desarmado, hecho mierda, con ella dando vueltas en su cabeza. El pan en sus manos le resultaba extraño, el cuadro ya se tornaba insoportable y horrorozo. “Pamela, narizita roja ven de nuevo”. Tomo un sorbo de café y no pudo evitar devolverlo, aún quemaba. Al dejar la taza la cucharita cayó al suelo. Se inclinó desde su sitio a recogerla. Al restaurarse aprovecho el momento de girar la cabeza para intentar verla aunque sea por un segundo. La miró.
Intentaba hablarle a su novio, mientras este acomodaba el jenga y le prestaba más atenció a sus otros amigos. Ella le contaba algo haciendo exagerados ademanes. Así era ella. Todo era más lleno de vida, todo era superlativo, a veces se reía inmiscuida en sus propios movimientos y gestos, pero parecía que nadie le hacía caso. “Sarta de idiotas” .Hasta que en eso, en un descuido Pamela miró a través de la mampara y logró ver a Leo con una ligera sonrisa, casi hipnotizado.

Putamare, ya me vio – Leo volteó y comenzó a acariciarse la nuca, y jalarse un poco los cabellos.

Apresuró la comida, se metió a la boca el mixto que quedaba. “Me voy”. Dio unos cuantos soplidos más al café antes de atreverse a tomarlo así tal cual esté para irse. “Demonios, aún quema como mierda”.


Vení un rato porfavor – escucho decir luego de que le tocaran el hombro.

Vió a Pamela dirigirse hacia los baños con ese caminar zigzagueante y coqueto.

Leo dudo un instante, vio a través de la mampara al novio hablar por celular, tomó valor y se encaminó al baño. Ni bien la viera le iba a decir que deje de abrazarlo o tocarlo. Se comportaba como una señorita de la nobleza.

Al doblar la esquina que daba al baño encontró a Pamela apoyada contra la puerta del baño de mujeres. Lo esperaba con una sonrisa, y unas ganas de jugar.

¿Qué cosa quieres ah? – le espetó

Ella seguía recostada en la puerta con aquella sonrisa inquebrantable.

Deja de joderme ¿quieres? Quiero cenar tranquilo, ya estaba por irme y bueno… Fue bonito verte, eres muy linda, que la sigas pasando bien con tu novio y tus amigos – dijo con el fastidio que asomaba por su rostro y que no pudo evitar.

Ella puso los dedos dentro de sus bolsillos laterales y avanzo lentamente hacia él. Leo se deshacía de amor y sus latidos se apresuraban tanto que lo dejaban paralizado. Cuando Pamela estuvo a medio metro de él, saco la mano derecho y comenzó a acariciarle la mejilla. Leo la agarro a los segundos y se la bajo delicadamente sin dejar de mirarla a los ojos, dándole la peor mirada de ira.

¡Déjame carajo! ¿Qué crees que haces ah? – dijo con una voz quebrada como si lo dijera sin querer, como último recurso para no aparentar debilidad. – Adios.

Pamela raudamente lo agarro de la mano cuando él ya se disponía a irse, se pegó a él, lo abrazo, respiro sobre su pecho unos segundos - ¿Por qué sos tan tarado pibe? – le dijo – Leo solo se dejaba abrazar, quería corresponderla pero su orgullo se lo impedía.

El pasadizo del baño estaba ocupado por ellos dos, nadie acudió al baño durante esos escasoz minutos, nadie se acercó, ellos callaban en un abrazo, sólo el ruido del televisor actuaba evitando el silencio absoluto. Se oía el caño de algún baño gotear como marcando el tiempo.

¿Ya déjame sí? – Leo toco sus hombros suavemente

Boludo! No ves que quiero estar ahora con vos, que lo único bonito que he tenido en este viaje de mierda ha sido contigo, bailando tan lindo tu conmigo. ¿Sabés? mi novio es un tarado. Parezco su mascota. Siempre ha sido así– Pamela apretó aún más los brazos, rasguño ligeramente la polera de Leo y lo miro con esa mirada, esa mirada de niña que tiene en sus manos el juguete que siempre añoro y que se lo quieren quitar de repente.

Me voy, suéltame – dijo casi susurrando.


Pamela dejo de abrazarlo y se abalanzo a su rostro. Se enfrascó en su cuello y lo besó con ternura, pausada. Como si esperara el final de algo, como si todo se derrumbara a su alrededor y solo esperara la inevitable muerte. Fue un beso prolongado que él correspondió, donde los labios y la lengua jugaban a tocarse con más amor.

Se soltaron.
Se miraron.
Se quisieron.

Ella se recostó sobre él. Él la atrapo, la cargo y la beso. Camino hacia el baño con ella en brazos. Abrió la puerta evitando interrumpir el beso enardecido que se daba con Pamela.
Entro y cerró rápidamente la puerta con seguro. La bajo al suelo. Cada uno sabía su papel. Comenzaron a desnudarse sin desconectarse el uno al otro. Los cuerpos iban apareciendo mientras el suelo se llenaba de prendas innecesarias. Se besaron otra vez. Ahora él era quien explayaba mayor efusividad. Hicieron el amor allí parados con la mirada perdida. Se dieron caricias espontáneas mientras ahogaban los gritos. Las caricias eran torpes, confusas, pero sinceras y calurosas. El placer solo relucía en la mirada de cada uno. Y no se atrevían a cortar aquel momento con ninguna frase. Solo contorneaban sus cuerpos, sincronizaban sus movimientos. Los jadeos fueron inevitables hasta que un grito breve y seco acabo por abrazarlos.

Se vistieron rápidamente, ahora ensimismados. Él aún jadeaba, ella reía e intentaba interceptar su mirada. Salieron del baño, nadie los había visto. Había parecido una eternidad.

-Estar dentro de ti, la manera en que me miras, todo a sido perfecto - dijo él con la mirada de un perrito que encontró a su dueña.

Calláte flaco - Lo besó apresurada, con ira - ¿Ahora me voy me entendes? Pero mañana estaré aquí a las siete de la mañana con todas mis cosas, me voy con vos. Voy a dejar a esos idiotas – le dijo como si le obsequiara el mejor de los regalos.

“Yo me voy en dos horas”. Leo acarició su pelo – Mañana nos vemos – musitó antes de besarla y dejarla ir.


Se recostó en la pared unos segundos. Cruzó las piernas. Camino en círculos mientras se arremolinaba los cabellos, comenzó a cavilar. Al salir ella ya no estaba.

El café ya estaba muy frío, “demonios”. Pago la cuenta, salió del restaurant y suspiro antes de alejarse e ir rumbo al hotel.

4 de junio de 2011

*// Adios Cusco, Te odio


“Acá si la hago, me embriago y olvido lo mierda que lo estoy pasando”

Leo se encontraba a puertas de la discoteca que le habían recomendado antes de viajar al Cuzco. Nadie fue con él al viaje. Invitó a varios amigos pero todos se rehusaron o dijeron alguna excusa creíble. Él viajo solo. El tour que pago y al que fue era carísimo. No le fue mal, conoció lugares hermosos como Pisac, Tambomachay, conventos, plazas. Pero todo era tan insustancial, tan soso porque no se tenía con quien compartir, con quien charlar. No conoció a nadie ni se divirtió un carajo en el tour. Volvería al día siguiente por la noche y quería aprovechar la última noche bebiendo algo. Emborracharse era una opción.

La discoteca se llamaba Inkateam. Leo pagó la entrada e ingreso. Subió por unas escaleras, había muchísima gente, era difícil pasar entre los cuerpos de los extranjeros y bricheros que se encontraban bailando enardecidos por la música chillona y pegajosa. Él se sentía un brichero más. Le seducía la idea de ver a alguna europea, hablar un rato, quizá bailar y luego ir a la cama y enfurecido, brindarle el mejor sexo.

Con muchas dificultades llegó a la barra. Los barman tenían un sombrero llamativo y servían las bebidas con tal experiencia que uno pensaría que habían sido amaestrados durante años para ejercer ese divertido oficio. Pidió un vaso de cerveza. El que le correspondía por cortesía. Por un largo rato con el vaso en la mano permaneció apoyado en alguna esquina mirando a la gente bailar. Buscaba envalentonarse con la bebida para tener el valor de hablar con alguna chica. Todos bailaban, los extranjeros tenían ese toque mágico que anima las fiestas, los bricheros cumplían su labor, bien bañados y perfumados complementaban el baile.

Leo no resistió ver tanta alegría, subió al segundo piso de la discoteca para observar desde arriba y perderse entre el bullicio y la gente con los cuerpos ya sudorosos. Se quedó ahí apoyado en una baranda con la cerveza en la mano. Esperando los efectos. No quería drogarse, esta vez no, sólo emborracharse. Miraba y miraba. Las europeas siempre con una sonrisa que regalar, era fácil distinguirlas o tenían el cabello rubio y la piel blanquísima o vestían de manera más llamativa o tenían esa mirada de estar en un lugar totalmente distinto.

- Flaco ¿tenés encendedor?

Sintió un palmoteo en el abdomen. Leo volteo a mirar, un sudor frío recorrió su cien hasta caer.
Una pequeña y linda chica lo había llamada.

- Si, ¿qué quieres quemar? – intentó ser gracioso

- Jaja prestáme por favor, ¿ Querés uno? – le mostro la caja de cigarrillos. Leo tomo uno. Lo prendió y luego le ayudo con el suyo.


La chica se paró a su lado y se apoyó junto a él en la baranda logrando ver los dos a la gente bailar, embravecidos, parecía haber más gente a cada instante y era mejor no estar ahí abajo porque uno podría morir ahogado en la marea humana.

El humo del cigarrillo traía gratos recuerdos, de noches inacabables, irrecordables, de borracheras confusas. El olor a cigarrillo siempre traía un grato recuerdo aunque éste de por sí sea realmente asqueroso.

- ¿Cómo te llamás? – la chica preguntó mientras botaba el humo y hacía una mueca media confusa al mirarlo.

- Leo , y ¿tú?

- Pamela. Pero decíme Pame. Solo la vieja me dice Pamela así con todas sus letras. Aj! No me la banco. Me encanta ésta disco. ¿Sabés? estaba subiendo al tercer piso y encontré una pareja en pleno follón, que estupendo loco. Me hubiera quedado pero quería verlos fumándome un cigarro y ni modo jaja.

- ¿En serio? Ahora subo entonces. Lo único sexual en mi vida son los incontables videos porno que tengo en mi laptop – Leo hacía ademanes mientras ella no podía evitar reír.

- ¿Me estas cargando? Por favor pibe. ¿Cuantos años tenés? ¿Unos Veinte? Con esa cara que te manejás cuantas minas te estarás levantando. Mirá vamos a bailar a ver si soy una de las afortunadas.

Pamela le quitó el cigarrillo, lo tiró y lo aplastó. Lo mismo hizo con el suyo. – Vení flaco – Leo se acabó de un sorbo lo que quedaba de cerveza y bajó a la pista de baile. Bajaron las escaleras ella adelante jalándole de la mano. Su mano era muy suave y fría.

Pamela se acercó a su oído – ¿Ché decíme que tal bailo? – y se comenzó a mover. Movía la cintura, se regocijaba mientras se agachaba mirándolo a los ojos.

Leo pudo percibir que su nariz se tornaba rojísima mientras más bailaba. Rió para sí.

- Oye tu nariz se ha puesto roja

- Siii, siempre se pone así – dijo sobándose la nariz tornándola más roja aún.

Pero es hermosa – Leo agregó y le apartó delicadamente la mano de la nariz y la miró con infinita dulzura.

Ella le dio un beso en la mejilla - Qué lindo sos, me muero – ahora el rojo era Leo y no sólo la nariz sino toda la cara.

- Ahora sos tú el rojo loco – Pamela río enseñando sus dientes perfectos.

El ambiente fue cubierto por un manto romántico. Empezó a sonar la canción de Nazareth. “Love hurts”. Y Leo agradeció a Escocia y a Willian Wallace que nada tenía que ver en el asunto.
Como si fuera una conspiración de la canción Pamela abrazó a Leo y empezó a zigzaguear lenta y pausadamente al ritmo de la balada. El viaje a Cusco se iba tornando hermoso. Leo apoyo su cabeza en la de ella y olió un delicioso perfume. Quería estar así toda la noche abrazado a esa argentina tan suelta y despreocupada. “Love hurts uhhhhuhh love hurts”
Quería besarla en ese preciso instante. No. Lo echaría todo a perder. Sintió que lo abrazaba más fuerte. El humo de los cigarrillos era perfecto. Olerlos en ese preciso instante ensalzaba la escena, cerró los ojos y no había nadie más en la pista solo la oscuridad, un abrazo de Pamela, el humo de los cigarrillos y Dan McCafferty de Nazareth con su voz sufrida.

Las frases de amor fueron ajenas en ese instante pero rondaban y se harían presente ante cualquier llamado, bastaba con la canción para multiplicarlas y mantenerlas ahí circulando.
“Love hurts uhhhhuhhhh love hurts uhhhuhhhh”.

Al acabar la canción se soltaron. Pamela lo miro como una niña que acaba de bajar de un juego del play land park y que ahora espera su algodón dulce. La mirada de Leo brillaba y emanaba alegría.

- Bailas increíble – dijo Leo sólo por decir algo, luego de mirarla unos segundos.

No sabés! Las baladas románticas me ponen demasiado sentimental – Pamela llevó sus dedos índices a sus ojos para limpiárselos.

“Sí, ahora vámonos de aquí que quiero irme contigo bonita a donde sea” Leo la abrazó. No pudo evitar hacerlo. Ella correspondió. – Sos muy lindo flaco, te como a besos ahora mismo.

En ese preciso instante algo funcionó mejor. El enojo por el viaje decepcionante que sentía Leo se difuminó. Cusco era la ciudad más linda del mundo y debía ser la capital de Perú de todas maneras. Amó a la argentina en ese preciso instante…

La disco enmudeció por unos instantes, y todo parecía tramado para poder escuchar un grito que quedaría grabado de la manera más brutal.


- Pamelaaaa! te hemos estado buscando. ¿ Donde andabas cariño? – Una cara de duende alto y encorvado apareció de repente. ¿Quién es este pibe?- preguntó juntando la entre ceja.

Pamela se replegó y quedo en medio de los dos hombres.

- Un amigo, Javi- Pamela atinó a decir algo avergonzada sin saber qué hacer. Como si la hubieran despertado de un sueño profundo.

Ah bueno! Me estaba cansando de buscarte ¿sabés? Vení, ya agarramos una mesa- El cara de duende le dio un beso en la frente, la agarro de la mano y la llevo casi a rastras abriéndose paso entre la multitud.

Si en ese preciso instante hubiera habido un silencio absoluto se hubiese podido escuchar el sonido de un cristal romperse de la manera más lenta. Un tintinear perturbador que solo Leo pudo escuchar y sentir.

Antes de perderse Pamela volteó y pudo ver a un Leo acongojado, con la cara desencajada. Leo la miró con el ánimo hecho mierda, no intento seguirla. Había sido el imbécil de la discoteca, el webonazo con el que se pasa el rato. Se tocó la nuca con ambas manos y se alejó. Casi salió corriendo de la discoteca. Tomó el primer taxi, dijo la dirección de su hotel, asintió cuando el taxista dijo el precio del recorrido. El trayecto del taxista fue rápido. Leo solo aguantaba el sollozo tratando de encontrarle algún sentido a las calles del Cusco. Al llegar pagó el taxi y entro raudamente al hotel. Rápidamente fue a recepción a pedir sus llaves. Subió las escaleras a toda prisa, llegó a su cuarto, cerró la puerta con una ira contenida y comenzó a alistar todo. “Todo esto es una mierda, ¿Por qué Pamela?, ¿Querías jugar conmigo? Vete a la mierda argentina, vete a la mierda”. Leo lloraba metiendo de cualquier manera todas sus cosas en sus mochilas.

- Váyanse a la mierda todos – lo dijo susurrando, casi carraspeando. Estaba histérico.

Se durmió con los ojos enjugados en lágrimas y el corazón destrozado. Con el olor a cigarro impregnado en todo su cuerpo.


Al despertarse encontró las sabanas mojadas de sudor, lágrimas, líquidos nasales y mucha saliva.
Fue al baño, se miró en el espejo. Era la viva imagen de un hombre golpeado por el dolor, su rostro denotaba tristeza. Ojos hinchados. Cabello revoloteado. Animo hecho trizas.

Estuvo en la ducha un buen rato. Pensando. “Pamela”. Comenzó a llorar de nuevo. Salió de la ducha. Se cepillo los dientes sin saber ni tener conciencia que lo hacía. Se secó, se cambio y se hechó a la cama nuevamente. Lloraba cada cierto tiempo inmiscuido en sus propios pensamientos.

“ Sos muy lindo flaco, te como ahora mismo a besos”. Golpeaba las paredes incesantemente. Así se pasó todo el día y gran parte de la tarde. Ya como a las tres de la tarde. Llamaron a su cuarto.El abrió. Era la recepcionista. Todo bien joven – preguntó algo contrariada tratando de echar un vistazo al cuarto- He escuchado muchísimos ruidos. Luego miró a Leo y no preguntó nada más.
Lo siento me siento un poco mal es todo – dijo un Leo abatido con la mirada perdida en alguna parte del cuarto. La recepcionista asintió y se fue. Leo se sentó en la cama y no pudo evitar quedarse dormido con el estribillo de Love hurts reventándole la cabeza.

Como a las siete de la noche se levantó, su vuelo saldría a las diez. Sentía hambre luego de un día tan duro. Se lavó la cara. Casi a rastras salió del cuarto. Dejó las llaves en recepción. La recepcionista no le hizo preguntas, lo miró con condescendencia. Ya en la calle tomó el primer taxi y se fue a la plaza de armas. Entró a un restaurant muy bonito con poquísimas personas. Se sentó en la mesa más apartada. Una que estaba cerca al callejón donde se encontraban baños. Una mesa que nadie escogería.

Acá está la carta joven – El camarero se aproximó con esa sonrisa innecesaria y estúpida.

Leo miraba a través de la carta. Lo hizo durante unos minutos, pensaba en otra cosa.

“Sí, ahora vámonos de aquí que quiero irme contigo bonita a donde sea”

El mesero comenzó a impacientarse. Hasta que Leo se pronunció con una voz débil.

- Un mixto y un café – dijo sin mirarlo.

Ahora mismo caballero – la sonrisa estúpida del camarero desapareció y Leo se quedó mirando el cuadro que tenía al frente. Era el de una mujer con sus hijos en algún lugar del Cusco, la mujer estaba feliz viendo a sus hijos correr. El paisaje que se proyectaba era hermoso.
"No mierda... Nada era hermoso si..."


- Ché, ¿Vos cenás sólo?

Un abrazador escalofrío recorrió por todo el cuerpo de Leo. Reconoció esa voz al
instante.



CONTINUARÁ...


Balada romántica bailada por Pamela y Leo.
Y que a su vez complementa la historia.

21 de mayo de 2011

*// Veintiuno de mayo


Cuando cumpla años si por azares de la vida recuerdas la fecha no me regales nada, no me busques, no quiero que nadie me venga a visitar, no quiero que suene el timbre, ni que el celular empiece a chillar, no me llames, evítame la incomodidad de tener que contestarte y a la vez no saber qué decir, tampoco quiero darte las gracias por ningún saludo, me da demasiada pereza, evita hacerlo, no los quiero.
En mi cumple quiero dormir todo el santo día, no quiero otra bulla en mi casa que no sea la de radiohead o de the killers.

Me encantaría que me mandes un correo o un mensaje privado, lo leeré en la noche te lo prometo, no me publiques mariconadas ni cursilerías en el muro, lo cerraré porque sé que eres necio/a, tampoco podrás comentar mis fotos ese día, así es mejor, sólo quiero un mensaje que yo pueda ver y sabré que me quieres.

No me invites a salir a festejar, festejar qué, que ahora tengo veinte años y aún no soy alguien, que aún recibo o robo algún dinero de mis padres cuando lo necesito. Si quieres festejar mi día, festéjalo sólo, aparte, o con algún puñado de amigos.

Si en verdad quieres honrar mi día o hacer de ese día, un día bonito y significativo deposita a mi cuenta una cantidad razonable de dinero, si en caso no sabes el número de cuenta puedes acercarte a mi casa pero no llames, ten la amabilidad de no hacerlo, coloca en un sobrecito la cantidad de dinero que creas conveniente y deslízalo por la abertura que hay entre el piso y la puerta principal, no toques, solo escurre el sobre y vete, te querré más y te agradeceré cuando te vea. Si no conoces mi casa guarda el dinero en un sobre, mantenlo guardado hasta que me veas y evita gastártelo cabrón.







A quién quiero engañar, en realidad no me gustaría pasar sólo ese día, quisiera pasarla con una persona en especial, no con mis padres ni mis hermanos, a ellos los veo siempre. Quiero pasarlo contigo flaca, tú la que lees lo que escribo y te ríes, y a veces no entiendes el por qué escribo tantas estupideces, quisiera ese día despertar abrazado a ti, nuestros cuerpos desnudos, con mi cara reposando en tus senos, en la ternura calurosa de tus bubis y con una erección de gran puta, en caso te levantes antes que yo no me despiertes ni te separes de mí, sigue abrazándome y hazme una paja como para pasar el rato, te lo agradeceré aún dormido, entre mis sueños. Abrázame flaca, abrázame y sigue durmiendo conmigo.

Todo ello es una quimera lo sé pero me lo imaginé ayer y era tan bonito. Y a la larga sé que la celebración de algo, de mi cumple, se justifica sólo con eso, con ese amanecer contigo.

15 de mayo de 2011

*// To: Dana


Hola Dana,

Cómo te va?, Extrañas un poco el Perú? , Sigues siendo tan linda como siempre? :)!

Siempre estoy escuchando en mi laptop una canción que puse en danza cuando el profesor no vino,"use somebody" de the king of leon por si no lo recuerdas :), ese día nos enseñaste los pasos, tú fuiste la profesora, y me dijiste que te gustaba (la canción), me acuerdo mucho de ti, de tu risa tan bonita y tu forma de ser siempre tan alegre. Te estuve recordando con nostalgia. Soy la peor persona para demostrar afecto cuando estoy cerca a alguien que quiero es por ello que me gusta escribirles, se me hace más sencillo y sincero, ese es el fin de esta carta.
Te deseo de todo corazón lo mejor del mundo, quiero que seas una gran abogada y tener dinero para poder contratarte para que me defiendas en los líos que de todas formas me meteré.
No he podido encontrar una risa más linda y sincera que la tuya, y solo me queda el recuerdo del video que grabe de ti, ¿lo recuerdas? Cuando te pregunte, ¿qué es comunicación para ti? Y me dijiste INSPIRAR, me encanto, no parabas de reír luego de esto y tu risa era hermosa, tan llena de vida, como me hace falta escucharla de nuevo y verte con tus ahogos de risa. O cuando en danza eras la mejor de todas, aprendiendo los pasos muy rápidamente, hacías que todo pareciera muy fácil y hacías con tu presencia que las clases sean más bonitas, solo esperaba verte bailar y reír, no importaba si venía el profesor ni aprender nada; el olor del salón de danza solo me hace recordarte y ya no quiero ir si no estás tú ahí...
Debo confesar ahora que ya no estas, que yo no vivía en Miraflores cerca de donde tu vivías, yo vivía en otro lugar y solo quería acompañarte en la combi para estar más tiempo contigo, lo siento quizás fui un gran mentiroso pero no sabes cómo disfrute hablar contigo en ese trayecto a tu casa, que por suerte era un largo trayecto (pero nunca suficiente), me encantaba escucharte hablar, mirarte a los ojos y ver tus ademanes diciendo lo que fuere.
Espero que te valla todo muy bien, nunca dejes de hacer lo que más te gusta y haz todas las locuras posibles. Baila porque bailando demostrabas la libertad con la que vivías.
Ahora mismo escucho la canción, y tengo ganas de darte un abrazo, un abrazo de despedida que no pude darte cuando te fuiste y gracias por los lindos momentos cuando estuviste acá.

Un fuerte abrazo a la distancia.
Te quiere Claret!

P.D. : Estuve a punto de escribir que te quise muchísimo y que te sigo queriendo, que no sabes como me moría, me desvivía por abrazarte cada vez que te veía y que el único deseo que rondaba mi cabeza era el de poder besarte todos los días y hacerte el amor una y otra vez, entrelazarnos en cualquier lugar y acabar en ti, acariciar tu cuerpo blanquísimo, desbaratar tu cabello rojizo, mirando tus ojos, besar tu frente acariciando tu torso, estar dentro de ti todo el tiempo del mundo, decirte al oído que no te vallas, pero no, claro que no, no te lo escribiría a menos que estuviera completamente loco, a menos que hubiera enloquecido de tanto extrañarte Dana.

2 de mayo de 2011

*// Verte llorar


¿Qué es lo más hermoso me ha pasado en la vida?. Solía preguntarme constantemente, no había tenido algo tan trascendental en mi vida para poder remarcarlo, todo había sido muy normal, no conocía la exquisitez de una felicidad aunque sea pasajera o ínfima.

Ahora mientras me cuesta mucho respirar, cuando tus hermosas manos sujetan mi cabeza, cuando esa lluvia de lágrimas caen sobre mis heridas, sobre mi rostro. Cuando me miras, me miras y no puedes creer que me hallas llegado a amar, y me lo dices, me lo repites y pides que no me valla, que no te deje, que te perdone, me dejas por un momento y te sacas la polera blanca con la que tanto me gustaba verte, la estrujas y colocas en el suelo a manera de almohada, colocas mi cabeza. Me miras con los ojos suplicantes y llorosos, estas alterada, te tapas la boca con la mano, me acaricias, puedo sentir que me acaricias, es lo único que siento, es lo único que me importa sentir < Me has hecho feliz, te amo bonita > te digo e intento sonreírte, < Te amo baboso, aguanta por favor, todo va a estar bien > me dices con tu voz pastosa de tanto llorar, te oigo decir más cosas, pero no las comprendo, te miro, te amo, te escucho como si te encontraras muy lejos, te veo alterarte, moverme, acariciándome el pelo con más fuerza, arremolinándomelo, cierro los ojos lentamente, balbuceo un < Te amo Jime >, tus lagrimas se mezclan con las mías mientras todo se oscurece y la verdad, esto, verte llorar por mí, saborear tus lagrimas sinceras ha sido la más sublime de las despedidas < Te quiero flaca >.
Una mujer se ve a la distancia arrodillada abrazando a un hombre, la mujer está inconsolable, hace mucho frío pero ella está con un polo diminuto, nadie se acerca a consolarla, nadie se atreve. Llega la ambulancia y ella no quiere soltar al hombre, sabe que está muerto, pide que la dejen en paz, que se larguen todos, lo suelta por unos instantes, les reprocha a los espectadores que se encuentran viendo a una distancia prudente, a los paramédicos, al mundo. Vuelve con Claret, me abraza, la veo abrazarme y darme el último beso antes de caer aturdida, desmayada.

12 de diciembre de 2010

*// Lección de inglés


- ¿Como debo contestar esa pregunta?- le pregunto regalándole mi mejor sonrisa – No me acuerdo.

- No, no sé – me responde con un aire de indiferencia y sin mirarme, mirando adelante y apoyando su cabeza sobre su mano.

La miré, era una colegiala preciosa, una nariz respingada y unos ojos puros e inocentes, estaba en quinto año de secundaria, era la chica mas revoltosa y loca (y a la vez refinada y linda) de su colegio (que no era un colegio refinado y lindo), su cabello siempre sujetado por un collet rosado, un collet simple, tenía una huella (casi imperceptible) de corte en la ceja izquierda que para nada desmejoraba su precioso rostro, era delgada y menudita, cuerpo y rostro digno de una chica deseada en el colegio. Uniforme azul, falda con cuadraditos como decoración, que cuando lo llevaba puesto al Británico, caía en la tentación de mirar sus piernas perfectas y claramente atléticas.

Me resolví en decir alguna burrada, para luego ser corregido, más me dolió la indiferencia de la dulce colegiala que se encontraba a mi lado, que el no saber responder una simple pregunta.

I … , I …, I don´t understand the question teacher – atiné a decir – con una ligera sonrisa realmente patética.

El profesor me miró de soslayo, me ayudo con la respuesta, seguí y repetí las frases que me proporcionaba como ayuda, las repetí y asentí con la cabeza como estando de acuerdo con él.
Luego el profesor prosiguió con la clase, volteó y comenzó a anotar algunos ejercicios.

Me dispuse a copiar al instante, con un pequeño rencor hacia esa colegiala hermosa que no me ayudo con la respuesta, total, no nos conocíamos ni nada, debería importarme un carajo, si tiene empatía conmigo era lo de menos, está bien, ya no le hablare, a la mierda, que creída.
Al acabar de escribir todo el ejercicio, el profesor nos pidió hacer pareja, “in pairs” he says, por una jodida circunstancia, no tenía nadie a mi lado izquierdo, solo la tenía a ella a mi costado, pero ella se apresuro a juntarse con un niño, sin detenerse a pensar con quien le convendría estar de pareja, otra razón por la cual me sentí ignorado, tuve que hacer pareja a pedido del profesor con un chico, que entendía un carajo menos que yo, pero me resulto agradable para poder aunque sea pasar el rato conversando sobre algún tema en particular.

Al término de la clase, me despedí del profesor y salí raudamente del salón, como si estuviera apurado, crucé el pequeño pasadizo, y me escabullí en el baño, deje mi mochila en el suelo, (siempre la dejo tirada por cualquier parte, se que nunca le pasará nada), me lave el cara, más bien me abofeteé la cara con agua, me crispe el cabello, y salí con dirección a mi paradero, crucé la mampara, a mi alrededor solo habían púberes queriendo fugar a sus casas, con la mera intención de hacerse una paja enardecidos por el agotador día del colegio y tener que venir a estudiar ingles para colmo de males. Caminé rumbo a mi paradero, caminé mirando hacia adelante, pensando en que hacer luego, cruzo el puente, me moría de frío, pero me rehúso a usar chompa, polera o lo que fuere, me resulta jodidamente incomoda, por mí andaría sin polo y con shortcito, ya bajando las escaleras siempre, pero siempre se tiene un grandioso panorama, pues se encuentra la universidad de Lima y es ahí donde encontraras una variedad de mujeres encantadoras, a las cuales uno se puede quedar mirando todo el día si es posible, contemplando esa pasarela de ninfas tan mágica, me detuve en la entrada de la universidad, mire por última vez las entradas y salidas de esas flacas endemoniadas, ya satisfecho mire a ambos lados antes de cruzar la pista, esperé a la orden del policía de tránsito que debía estar más aburrido por estar todo el día deteniendo y haciendo que avancen carros y pensando porque carajos no colocan un semáforo y me dejan de mandar a ser estas huevadas que para esto no he estudiado, supongo que algún día explotará de mover los brazos, tocar el pito, y vestir ese uniforme tan cargado, y secuestrara a alguna universitaria que salga vestida atrevidamente de la universidad, se la follará y tendrá por lo menos diez hijos para que la condenada aprenda lo que es bueno. Cruzo la pisto y miro de reojo al policía ya abriendo presagiado su inminente futuro, luego me detengo un rato a leer los titulares del quiosco, leo una serie de noticias, trivialidades como siempre, camino hacia el paradero con la cabeza levantada, mirando el burger King a mi izquierda y luego camino de frente viendo el letrero verde de la Javier prado que será mío algún día, me lo robaré y lo colocaré en mi cuarto junto con otros varios letreros que me he robado. Camino pesadamente pues no tengo apuro, no tengo preocupación ni nada parecido, los dos únicos cursos que llevo en Tecsup no los estudio, porque no me interesan en lo absoluto ( son un par de cursos de mierda ), doblo la esquina y … Me quedo impregnado en esos ojos tan dulces, en esa boca con la cual se harían maravillas, no aparto la mirada, naturalmente lo haría, mi cobardía siempre tiende a hacerlo pero esta vez es distinto, porque los ojos me corresponden, la colegiala bella del británico me está mirando, y me mira, me mira a escasos dos metros , no sé qué hacer, solo la miro, su mirada es blanca e inocente, me mira examinándome por dentro, desnudándome, me mira con la boca en forma de “o”, atinó a poner las manos en los bolsillos, su mirar se torna de soslayo con una insinuación de sonrisa, aparto la mirada y sonrío para mi, quizá vio algo en mi que le gusto-pienso, Bueno lo sabré mañana.